“... dame todo el power para que te demos en la
madre... Porque no nacimos donde no hay qué comer, no hay por qué preguntarnos
cómo le vamos a hacer...” Continua la canción.
Soy de izquierda, lo he sido desde que tengo uso de
razón. Sí esto es de familia, pero no por “tradición familiar”, porque en mi
casa hay libertad de expresión, de opinión, de elección, de decisión, de
pensamiento, de creencias, o de ser ateo, pero siempre como requisito previo
implica tener claridad conceptual y de ahí argumentos y fundamentos sobre lo
que se emite.
La izquierda en mi casa ha vivido desde siempre, pero sin
partidos políticos, vive la izquierda sociológica, aquella nacida con la
Revolución Francesa y mantenida por hombres libres, sin ataduras y de libre
pensamiento, lo anterior son circunstancias que mi padre me inculcó, y con ello
principios, convicciones, creencias e ideales, también me enseñó que la
izquierda en un país como México es un verdadero milagro. Porque
desafortunadamente nuestro territorio ha sido gobernado por gente que busca
obtener intereses propios, y de ahí lo demás es sólo consecuencia y producto de
la avaricia y de la ambición, utilizando el poder como medio de adquisición.
Mi padre ha pensado y se ha expresado siempre de manera
informada y documentada, él habló y escribió sobre un pueblo que padecía los
embates de una derecha corrupta y opresora aunque afortunadamente a él no le
haya tocado directamente sobrevivir a los ataques, nunca pensó que eso
significaba no luchar por quienes sí han sido amedrentados, porque el jamás ha
sido individualista. A él no le tocó un hijo muerto, un hermano torturado o
algún familiar perseguido durante los sexenios del PRI, tampoco uno muerto o
acusado falsamente de narcotraficante, como tantos casos surgieron y padecieron
familias mexicanas durante el sexenio del PAN, pero hizo conciencia social,
vio, analizó y expresó la vileza y el peligro que caracteriza a los altos
mandos que hoy detentan el poder y como esto ha llegado a aniquilar al país.
Porque sí estamos en el hoyo. Así de simple, hambre,
muertes, desapariciones, desempleo, torturas, represiones, muchos casos juntos
o separados, pero jamás aislados suceden a diario en nuestro país.
Y cada historia surge a partir de los gobiernos de
derecha (priístas y panistas) que han estado “dirigiendo” al país. Él por estos
meses no lleva su memoria a los años 60 y 70, él recuerda el 2005 y Atenco,
mujeres violadas y hombres muertos que defendían el único patrimonio (humilde)
que tenían, piensa en quienes luchaban contra el poder de un Gobernador que
tenía a todo un centenar de fuerza armada a su disposición.
Recuerda el aniversario de aquellos niños, que aunque
jamás conoció, ni conocerá, de alguna manera los siente, los piensa no como una
cifra sino un daño, pero no colateral, sino directo a una ciudadanía impotente
ante el poder del gobierno de dejar en el olvido el sufrimiento y la angustia
de muchos padres que perdieron a sus pequeños y aquellos que vivirán
traumatizados siempre por las quemaduras palpables e impalpables, durante el
resto de su existencia.
Recuerda también a los estudiantes que perdieron la vida
en fuegos cruzados, pero que antes de reconocerlos como tales, los relacionaron
con el crimen organizado. Él me enseñó que en un país como éste el rico, el
pobre, el de clase media, todos juntos debemos crear una conciencia social
colectiva y a partir de ahí idear qué pasaría si el pueblo unido, sin importar
los estereotipos que como sociedad nos hemos formado equivoca o acertadamente
de los demás, creemos en un cambio, un cambio verdadero, algo que sea
totalmente distinto a lo que por 70 y 12 años más nos ha tocado vivir en mayor
o menos medida a todos.
Tengo muchas cosas que agradecerle a mi padre, muchas y
todas, porque todo lo bueno que hay en mi se lo debo a él, tengo que
agradecerle que en desayunos, comidas y cenas en mi casa se discutiera y
debatiera sobre política, economía, cultura y movimientos sociales, agradezco
que tuviera el hábito de la lectura y colmara nuestro hogar de literatura,
política (nacional e internacional), sociología, arte, ciencia, entre otra
cantidad de textos.
Agradezco que en mi casa Televisa fuera una televisora non
grata, y que se documentara y me enseñara a informarme más allá de la
pantalla chica, agradezco que me abriera todo un mundo de posibilidades tanto
en medios escritos como televisivos y radiofónicos.
Pero sobre todo agradezco a la vida la fortuna de tener un
padre como este gran hombre, que mira la precariedad de los demás y busca desde
y fuera de su trinchera aportar un paso más hacia un cambio que beneficie a
todos, pero principalmente a la clase más necesitada, a aquella que irónicamente,
está conformada por quienes encumbran en el poder a los destructores de vidas y
de nación.
Y al mismo tiempo le agradezco por ponerme frente a mi
todo una gama de recursos para no ser víctima potencial de engaños tan
descarados, al mismo tiempo que burdos (spots del PAN, discurso fallido de Peña
Nieto y otras mentiras de colección).
Decía Schiller: “No es la carne y la sangre, sino el
corazón, lo que nos hace padres e hijos." Mi padre, es mi tío, mi amigo,
mi consejero, mi inspiración y el mejor regalo que la vida y de existir ese
ente divino llamado Dios, me pudieron dar.
Hoy intento que todo lo inculcado se
expanda, hoy lucho por llegar a ser un ente social consiente de la realidad en
la que vive mi país y a partir de ello poner mi grano de disposición y sumarme
a esa ola de ciudadanos despiertos que buscan el cambio verdadero, la limpieza
y renacimiento de un país en vías o de caer definitivamente en el abismo o de
salvarnos todos juntos como pueblo unido, de aquellos que en busca de su bienestar
particular van dejando sangre en todo lo largo y ancho de nuestro país.
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